27 | 03 | 2013
Remuneraciones docentes en la provincia de Buenos Aires
Claves para comprender el conflicto docente
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  • Durante la década del 90 las remuneraciones docentes presentan niveles virtualmente estancados medidos en términos constantes

  • En 2008 se observa una fuerte recomposición con ajustes nominales que van por encima de la evolución de los precios.

  • Esta situación se sostiene durante un tiempo, hasta que nuevamente los sueldos docentes quedan por detrás, circunstancia que se acentúa por el impacto del impuesto a las ganancias en estos últimos años.

El inicio de 2013 se encuentra marcado por las dificultades para comenzar el ciclo lectivo en las escuelas de la mayoría de las provincias del país, siendo Buenos Aires uno de los territorios donde el reclamo adquiere mayor relevancia, no tanto por la legitimidad o no del mismo, sino por el impacto que tiene una medida de esta magnitud sobre los niños en edad escolar, dada la concentración poblacional que existe en la provincia.

El problema principal se origina en los establecimientos de enseñanza de gestión pública, pero también hay repercusiones en algunos que corresponden a la gestión privada, en virtud de la coincidencia en los reclamos de uno y otro sector. Del análisis se desprende que las remuneraciones no difieren sustancialmente entre sí.

Para efectuar los ejercicios de comparación temporal se toma el caso de un maestro de grado, en el nivel primario, con dos cargos docentes activos. Se ensayan tres circunstancias posibles: una donde el docente recién inicia su actividad, por lo que carece de antigüedad, otra con un caso de 15 años de antigüedad y por último un ejemplo con máxima antigüedad posible.

La información salarial disponible permite realizar un análisis de las remuneraciones en el sector desde 1993, expresada en moneda constante de 2013 de modo de poder realizar comparaciones intertemporales excluyendo los efectos de la inflación. Se toman períodos de 5 años para ver cómo evolucionan los pagos al sector a lo largo del tiempo y los importes se deflactan utilizando las estimaciones de INDEC en los primeros años del período y de consultoras privadas en los más recientes.

Para calcular el total de bolsillo, al subtotal remunerativo se le practican los descuentos estipulados por la ley y se le suman las bonificaciones no remunerativas correspondientes y el fondo de incentivo docente.

La variación entre puntas para un docente sin antigüedad es del 68%, con 15 años de antigüedad del 55% y con 24 años de experiencia docente es del 53%, es decir que la posición de los docentes mejora entre 1993 y 2013 en términos reales.

Analizando la evolución en el tiempo con mayor detalle, se observa una caída en 2003, mientras que hay una fuerte recuperación entre 2003 y 2008 del orden del 100% en términos constantes. Allí indudablemente se produjo una recomposición salarial a favor del docente mejorando la situación que ostentaba en la década del 90. Sin embargo, este resultado positivo se ve erosionado por una posterior caída entre 2008 y 2013 que impacta con más intensamente en los docentes con mayor antigüedad.

La conclusión es que en ese último lapso, la recuperación nominal de los salarios docentes no resulta suficiente para compensar la caída en el poder adquisitivo como consecuencia de la inflación. Dicho de otro modo, en los últimos años, las recomposiciones salariales han quedado rezagadas en comparación con la evolución del nivel general de precios.

Puede realizarse una consideración adicional si te contempla el impacto del impuesto a las ganancias. La falta de actualización de las escalas del impuesto, del mínimo no imponible y de los descuentos que pueden realizarse se traduce también en una reducción de la remuneración después de impuestos que perciben los docentes. A medida que se incrementan los precios, esta desactualización hace que docentes que antes no se encontraban alcanzados por el impuesto comiencen a sufrir descuentos por dicho concepto. Si bien esta circunstancia afecta a todos los sectores de la economía, adquiere especial significado cuando se trata de asalariados con remuneraciones que no son las mayores de la economía. Si se tiene en cuenta que en los últimos años los docentes no logran equiparar la pérdida de poder de compra en relación con la inflación, la idea de comenzar a pagar impuesto a las ganancias se torna inaceptable para el sector. Dicho en otros términos, al deterioro del salario real se agrega una detracción en concepto de impuesto a las ganancias.

Al problema de desactualización del salario real docente se suman las gravísimas dificultades fiscales que actualmente enfrenta la provincia de Buenos Aires, lo que plantea una oscura perspectiva no solamente para el sector educativo sino para todos los empleados de la provincia, limitando las posibilidades de recomponer dignamente la situación salarial dado que el problema excede por completo la capacidad y la voluntad que pueda tener la provincia para hacerlo. Los actuales recursos públicos, con caída en los recursos propios y alta dependencia fiscal de un gobierno nacional que no gira los fondos, ponen un límite inamovible al conflicto aún en un año electoral en el que cualquier gobernante querría minimizar los conflictos con sus empleados. Estas últimas consideraciones se encuadran más en un análisis político que en el estudio de la evolución de las remuneraciones docentes.


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