02 | 09 | 2013
Un entorno que depara dificultades en el presente pero perspectivas inmejorables
El potencial de desarrollo del puerto local es inmejorable a largo plazo, dado que están los recursos de la minería y el agro; solo falta restaurar un clima propicio, con más estabilidad, para impulsar inversiones a largo plazo.
Comentarios
Imprimir
Recomendar
Tamaño texto

El puerto es un servicio, su demanda deriva de otras generadas por la economía de su región de influencia o, que sin estarlo, la traza de sus rutas de intercambios comerciales lo tienen como nodo de transferencia de cargas. Por esta razón, preguntarse por el futuro del puerto requiere interrogarse sobre las perspectivas de las regiones económicas que sustentan su actividad y la calidad de las políticas públicas que sostienen su desarrollo.

Una muestra de la importancia de este concepto se ve reflejada en la suspensión de uno de los proyectos más trascendentes en el área portuaria desde la expansión del complejo petroquímico a principios de la década pasada, la construcción de la terminal de almacenamiento y embarque de cloruro de potasio. Este emprendimiento localizado en el límite de las provincias de Neuquén y Mendoza, significaba un aumento sustancial del tránsito de cargas superior al millón de toneladas anuales con un fuerte impacto económico regional tanto en la etapa de inversión como de operación. Su inicio y posterior detención generó un perjuicio severo tanto a la administración del puerto como a empresas y empleados contratados para la ejecución de instalaciones de almacenamiento y embarque, además de inhibir la posibilidad de otros efectos beneficiosos para la ciudad como la mejora de la red de acceso de cargas por vía ferroviaria.

Además de este caso, se pueden mencionar otros que no fueron mucho más allá de los anuncios, estudios preliminares y debates públicos como la construcción de plantas regasificadoras, construcción de nuevos muelles, extensión del canal de navegación hasta General Cerri, rellenos de tierras para nuevas radicaciones, construcción de refinerías y plantas molienda de semillas oleaginosas y el desarrollo de un parque logístico.

En todo caso, de estos anuncios es posible rescatar la revelación de posibilidades concretas de expansión en el área portuaria, claramente sustentadas, y la revelación de argumentos sobre impacto ambientales que deberían atender futuros emprendimientos. En un contexto macroeconómico más propicio, cabe esperar que alguno o todos estos proyectos sean reconsiderados.

Pero volviendo al proyecto principal de la terminal de embarque de fertilizantes, las razones que condujeron a su interrupción excedieron las posibilidades de la dirigencia local. Más allá de las razones que impulsaron al grupo inversor a tomar esta drástica decisión, no caben dudas que la situación económica general del país representó un obstáculo severo. Esta situación refleja un impacto local tangible y revelador de cómo decisiones o situaciones que pueden parecer distantes terminando resultando trascendentes para el crecimiento de una región.

Sin embargo, así como el presente depara estos efectos no deseados, el futuro abre perspectivas más que promisorias. Las oportunidades a mediano y largo plazo, tienen que ver con enorme potencial de desarrollo de producciones de gas en la región norte de la Patagonia y de granos en la zona pampeana.

En la última década, los embarques de maíz y soja por el puerto local crecieron un 300%, alcanzando volúmenes cercanos a los 5 millones de toneladas en el 2012. Las muy buenas condiciones del mercado mundial de granos y sus derivados (aceites vegetales y pellets) se ven reflejadas en precios muy superiores a los promedios históricos de décadas pasadas y representan un sustento sólido para proyectar un sostenido aumento de su producción, lo que naturalmente derivaría en un mayor flujo de embarques por las terminales del puerto local.

En cuanto a la producción de gas, la región norpatagónica cuenta con uno de los mayores yacimientos de recursos energéticos no convencionales (shale gas y shale oil) del mundo. Además de ser la vía para resolver los problemas actuales de déficit energético, podría llegar a representar la principal fuente de generación de divisas del país en el largo plazo. Las millonarias inversiones para alcanzar este potencial requieren en primer lugar recrear condiciones adecuadas para atraer la inversión de capitales privados. El desarrollo de esta industria plantearía oportunidades extraordinarias de expansión de la actividad petroquímica y portuaria en Bahía Blanca.

Frente a estas oportunidades, el puerto de Bahía Blanca presenta como fortalezas su ubicación, profundidad, autonomía y trayectoria comercial. Entre los desafíos cabe destacar la generación de nuevos espacios debido a las limitaciones derivadas de la expansión de industrias de las últimas dos décadas y la realización de inversiones que permitan renovar y ampliar la red de acceso de cargas por vía terrestre. Un paso muy significativo para reforzar las ventaja competitiva del puerto local ha sido la decisión del Consorcio de Gestión de avanzar con las obras de dragado, lo que permite no solo aumentar la profundidad (a través del mayor calado, es posible ofrecer servicios de transporte marítimo de costos sustancialmente menores) sino también la operatividad (a través del ensanche del canal, se agiliza la navegación y acceso a los muelles).

Llegar a este futuro promisorio depende del rumbo que asuma la economía argentina en los próximos años. El puerto local y en consecuencia Bahía Blanca puede acrecentar notablemente su protagonismo en la medida que el país abra su economía al resto del mundo, ofrezca reglas estables y previsibles que alienten la inversión privada, en modo particular, posibilitando la recuperación del transporte ferroviario e impulsando el desarrollo de la cadena de valor agroindustrial y energética.


Envíe su comentario:

SUSCRIBIRSE