CREEBBA - Indicador de Actividad Económica - IAE Nro. 69

Indicadores de Actividad Económica (IAE) Nº 69
julio 2003

 


 

 

Nota Editorial

Pensando una estrategia de crecimiento económico para la región

  • El eje fundamental de la estrategia debería consistir en el desarrollo de complejos de empresas regionales integradas en las denominadas “cadenas de valor.

  • El proceso de aprendizaje sobre la generación y explotación de recursos y capacidades para crear y desarrollar empresas competitivas permite explotar y crear oportunidades de nuevos emprendimientos y por lo tanto, de crecimiento.

  • Resta mucho por hacer para completar la transición del modelo exportador de producciones de bajo costo a partir del uso intensivo de factores abundantes a otro impulsado por la formación de “ventajas competitivas endógenas”.

Siguiendo la línea de análisis de trabajos anteriores, el siguiente trabajo analiza el problema de generar y desarrollar una estrategia de crecimiento económico para la Región. La meta de una tasa de crecimiento económico sostenido se presenta como un requisito previo e indispensable, aunque no suficiente, para proveer satisfacer las necesidades básicas de la población, en particular de los sectores más carenciados, y para posibilitar un aumento generalizado y continuo en los niveles de bienestar. El problema que se plantea entonces es que acciones emprender para lograr una corriente sostenida y creciente de inversiones en la región. Tal como se ha mencionado en oportunidades anteriores, el momento es oportuno para estos planteos dado que se están por iniciar nuevas etapas de gobierno y por otra parte, se percibe una renovación de expectativas de la población generada más por la necesidad de revertir tanto años de frustración y postergaciones, que por el entusiasmo que sea capaz de despertar cualquier nueva dirigencia.

La estrategia apropiada de crecimiento regional

Una revisión de las estrategias prevalecientes en regiones exitosas puede contribuir a precisar los objetivos y acciones de una estrategia local . La experiencia internacional muestra que las estrategias más exitosas de desarrollo económico regional tiene por objeto la generación y el desarrollo de ventajas competitivas “endógenas” como base central de las economías regionales, que posibiliten una creciente inserción en el mercado internacional a través de un flujo creciente de ventas al exterior. Esta estrategia apunta a diferenciar la región, posicionándola como un espacio con capacidad para desarrollar ciertas actividades económicas en forma competitiva y con su producción orientada al mercado internacional. El concepto “endógeno” se relaciona con la idea de capacidad local en la generación y renovación de fuentes de competitividad.

En contraposición a esta estrategia, existe otra vía de acción que coincide en impulsar la economía a partir del desarrollo de la base exportadora, pero a partir del aprovechamiento de “bajos costos de producción”, particularmente de los salarios y por la sobreexplotación de recursos naturales. Este enfoque logra captar rápidamente inversiones extranjeras. Sus efectos sobre el entorno son limitados, las interrelaciones con empresas del medio apuntan a captar proveedores para servicios de baja complejidad. Este modelo es cuestionado entre otras razones por su incierta sustentabilidad a largo plazo debido a la posibilidad de agotamiento de los recursos, y su limitación para inducir el desarrollo de nuevos emprendedores locales. Si bien la “reducción” de costos es un objetivo siempre deseable para una proyección competitiva, el aspecto cuestionable es la pretensión de alcanzar este objetivo a través de la reducción de gastos en términos nominales , confiriendo un menor énfasis a los aumentos en la productividad en los factores de producción y en los precios de los productos finales, a través de mayor incorporación de valor agregado.

La implantación del primer modelo plantea mayores desafíos pero promete mejores resultados a largo plazo. En la práctica, puede existir una interrelación entre estrategias por cuanto el segundo modelo puede propiciar el impulso inicial para comenzar a desarrollar “ventajas competitivas endógenas”. Un proceso de estas características parece describir la realidad regional de las últimas décadas, particularmente de la última. En los tiempos actuales, emerge con claridad el desafío de ingresar a un proceso de expansión sustentable en el tiempo y en el que tomen protagonismo una cantidad cada vez mayor de actores locales.

El eje fundamental de la estrategia debería consistir, como punto de partida, en la promoción de inversiones orientadas a la explotación de recursos regionales, para el gradual desarrollo de complejos productivos en sectores competitivos. En otros términos, consiste en el desarrollo de complejos de empresas regionales integradas en las denominadas “cadenas de valor” . El desarrollo de las cadenas de valor presupone la integración de un número creciente de empresas locales bajo el rol de proveedores, socios o clientes de las ya consolidadas, en un ambiente de competencia intensa. A través de estas interacciones, las ventajas competitivas se ven reforzadas. La complementación abre espacio para la formación de proveedores altamente especializados, más eficientes y con mayor capacidad innovadora. Los acuerdos a mediano plazo reducen la incertidumbre y los costos transaccionales, además de abrir posibilidades para explorar proyectos de alto riesgo como investigación y desarrollo, el ingreso a nuevos mercados o el lanzamiento de nuevos productos.

En este marco, la idea de explotar recursos regionales debe ser entendida en un sentido amplio, que comprende, además de los recursos naturales, capital humano y activos productivos; otros intangibles como la tradición histórica, la cultura, sanciones sociales, la imagen. En particular, interesa el aprovechamiento de aquellos activos que resultan “específicos de la región o difícilmente imitables” por cuanto son el sustento de una ventaja competitiva durable.

Como es sabido, la región se caracteriza por la presencia de dos grandes complejos: el de la industria agroalimentaria y el de la industria petroquímica. Estos sectores, a través de sus ramificaciones sobre empresas directa e indirectamente ligadas, generan la mayor parte del “valor agregado regional” y consecuentemente, representan la principal fuente generadora de ingresos. La agroindustria ha sido el sustento tradicional de la economía regional. Además de su capacidad de generación de ingresos, tiene un importante efecto sobre su distribución al generar empleos, tanto en forma directa como indirecta, sobre una amplia franja de la población activa; particularmente en pequeñas poblaciones de la zona. En contraste, el aporte de las empresas petroquímicas data de los últimos años, involucra un menor número de establecimientos y genera puestos de trabajos con altos niveles de calificación y remuneración. La articulación de empresas en torno a estos complejos resulta baja en relación al potencial de desarrollo . Por lo tanto, en ambos se presenta el desafío de incorporar proveedores y clientes regionales, con los más recientes adelantos tecnológicos. En el caso particular de la agroindustria, se agrega el objetivo de abrir canales de comercialización para productos y servicios con mayor contenido de valor agregado, que posibiliten su ingreso hasta los principales mercados del exterior y permiten una apropiación cada vez mayor de márgenes comerciales de agentes intermediarios en el exterior. En el caso de la Petroquímica, podría añadirse como meta, la inserción de proveedores locales especializados en cadenas de valor de alcance extraterritorial. En cualquier caso, cobra relevancia un permanente esfuerzo por tornar la región como un espacio “visible y atractivo” para inversores y clientes externos, a través de estrategias de promoción del territorio y su capacidad productiva.

Lecciones de experiencias exitosas

El proceso de desarrollo requiere de la formación de capacidades en los agentes locales: empresarios, funcionarios y dirigentes de instituciones. Este proceso de aprendizaje sobre la generación y explotación de recursos y capacidades para crear y desarrollar empresas competitivas; así como la acumulación de experiencias que permiten mejorar la interacción en proyectos a partir de un mejor conocimiento de las partes, permite explotar y crear oportunidades de inversiones, nuevos emprendimientos y por lo tanto, de crecimiento. Algunos autores destacan la importancia de estos procesos por representar la vía de generación de lo que llaman “inteligencia regional”, un insumo crítico para la recreación permanente de ventajas competitivas regionales. La idea es sencilla, además del “con que y que se produce” posible a partir de la disponibilidad de un conjunto de recursos propios de la región, la inteligencia regional define nuevas y mejores vías para definir “como se produce”. La dotación de recursos permite el despegue en tanto que la formación de capacidad para competir e innovar confiere sustentabilidad al proceso de desarrollo.

Los proyectos se pueden consolidar a través de acuerdos y alianzas entre empresas regionales. Esta interdependencia o interacción comercial entre agentes regionales se ve sustentada o fortalecida por relaciones sociales entre ellos y el mayor conocimiento entre las personas. Por esta vía, las relaciones sociales también representan un factor de importancia al cimentar la confianza entre las partes para la realización de emprendimientos conjuntos, acuerdos u alianzas. A partir del desarrollo de reglas informales, convenciones propias de cada lugar, hábitos y la posibilidad de sanción social, se generan un conjunto de reglas que contribuyen a disminuir el riesgo de incumplimientos de los acuerdos.

Las experiencias exitosas son el resultado de programas a largo plazo, en los que interactúan el Sector Privado y el Sector Público, y que por lo tanto, han logrado mantenerse al margen de factores políticos coyunturales. Parten de una visión compartida sobre el perfil deseado de la economía regional, a partir de una correcta lectura del contexto y su evolución esperada, sobre la que se definen objetivos y consecuentemente, un plan de acción coherente para alcanzarlos, en el que se compromete en forma explícita, la participación del Sector Privado y del Gobierno local.

Los verdaderos impulsores del crecimiento son las empresas privadas a través de sus inversiones; al Estado le cabe la importante tarea de propiciar un marco facilitador de estos procesos. Para ello, cuenta con instrumentos como priorizar la liberación de trabas a las operaciones comerciales por exceso de normas y regulaciones, la provisión de información y el desarrollo de instrumentos financieros en el mercado regional de capitales, que permita y promueva la creación de nuevas empresas y consolidación de las ya existentes, con estrategias orientadas a la diferenciación por calidad y la apertura de nuevos mercados a través de la innovación en procesos y productos. En este marco, también contribuyen todas aquellas medidas orientadas a la disminución de costos (presión impositiva, obras de infraestructura de comunicaciones y transporte, marco regulatorio) y a la cobertura de riesgos (seguridad jurídica).

Aspiraciones locales

A la luz de estas consideraciones, se puede enfocar la situación local. Como primera idea surge la impresión de que queda mucho por hacer para completar la transición del modelo exportador de producciones de bajo costo a partir del uso intensivo de factores abundantes a otro impulsado por la formación de “ventajas competitivas endógenas”. Esta característica se puede comprobar a partir de la aún escasa participación en la oferta exportable regional, de productos y servicios con niveles altos de incorporación de valor agregado. Queda mucho por hacer y el recambio de gobierno y expectativas abre el momento oportuno para replantearse metas trascendentes. La experiencia internacional ofrece lecciones que no se pueden ignorar al momento de idear una nueva estrategia de crecimiento. En particular, se destaca la importancia de formar capacidades en los empresarios y funcionarios locales para crear oportunidades, abrir canales de dialogo e intercambio de información entre los empresarios locales, articular relaciones a largo plazo cimentadas por las relaciones sociales entre “vecinos”, propiciar un marco facilitador para la acción de una clase empresaria dinámica y dispuesta a asumir riesgos, a través de una corriente sostenida de inversiones.

Por último se podría agregar a la lista anterior la construcción de una visión compartida de la economía regional. El cuadro adjunto presenta algunas ideas en torno al perfil de ciudad al que se debería aspirar. Alcanzar estas metas es posible, en tanto existan objetivos claros, condiciones y principalmente compromiso con las metas.

 

¿Qué perfil de ciudad se aspira y sobre que valores se construye?

  • Con identidad regional
  • Con presencia nacional
  • Con proyección exportadora
  • Con instituciones sólidas, dinámicas y representativas
  • Con una eficaz interrelación entre gobiernos, empresas y universidades
  • Con una clase empresarial exitosa y comprometida con el desarrollo local
  • Que logre imponer una marca o sello regional identificado con la calidad
  • Que logre consolidar actividades que sean referentes de la industria nacional
  • Que brinde seguridad jurídica a inversores locales y foráneos
  • Que sea atractiva para la radicación de nuevas inversiones
  • Que aliente la libre competencia, regulando actividades que puedan afectar el interés general de un modo efectivo y transparente
  • Que proyecte un clima de negocios dinámico e innovador
  • Que fomente e impulse el desarrollo de nuevos emprendimientos
  • Con líderes políticos y empresarios avalados por una trayectoria honorable y de prestigio

 


 

 

Impacto de los programas apícolas en la región

Las actividades económicas con potencial de crecimiento en la región se encuentran asistidas por programas gubernamentales que es preciso evaluar y perfeccionar. En este caso, se analiza el tema de los programas gubernamentales enfocados sobre el sector apícola y la evaluación que de los mismos realizan los productores de la región. En primera instancia se caracterizan los principales programas apícolas de los niveles nacional, provincial y municipal: sus objetivos, herramientas, acciones, resultados, como así también el grado de complementariedad y superposición existente entre los mismos. En segundo término se presenta el análisis realizado por parte de los apicultores de la región en cuanto a grado de conocimiento, acceso efectivo y eficacia de las acciones promovidas en el marco de los programas. Finalmente se esbozan algunos lineamientos que, se estima, sería necesario introducir para mejorar la acción gubernamental de los programas, en base a la experiencia recogida y a la evaluación efectuada por los productores. Los lineamientos sugeridos se desprenden principalmente de las experiencias registradas en el ámbito de los municipios, en donde se advierte un bajo grado de conocimiento de los programas apícolas, en especial en los aplicados por los niveles subnacionales, distribución no uniforme de la cantidad de beneficiarios y eficacia relativa de las acciones implementadas.

Abstract de la nota publicada en Indicadores de Actividad Económica (IAE). Si desea recibir la versión completa del informe vía mail, contáctenos a info@creebba.org.ar, o bien puede acceder al archivo haciendo clic aqui.

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Política exportadora y oportunidades regionales

Ante la crisis económica y política de fines de 2001 en Argentina, varios países ofrecieron su ayuda liberando barreras al comercio exterior argentino. La declaración del default y la tensión en las relaciones con los organismos multilaterales de crédito y con los países de los tenedores de deuda pública nacional fueron las principales causas de la falta de ofrecimiento de créditos y dinero fresco hacia el país, aunque se brindó la oportunidad de profundizar las relaciones comerciales. Esta ayuda externa puede ser una oportunidad para diversificar la producción y aumentar el número de socios comerciales, orientando la economía hacia la exportación. Su importancia no reside sólo en la reactivación de la economía sino también en el ingreso de divisas al país. Pero para esto hace falta profundizar en una cuestión clave: la definición de una política comercial externa clara. La intención de la nota es identificar nuevas oportunidades comerciales para la región a partir de gestiones que está realizando Cancillería, en la medida en que la ganancia de competitividad resultante de la liberación del tipo de cambio no se ha visto reflejada en un aumento del volumen físico de los envíos al exterior. A su vez, se pretende encontrar factores claves para una mayor efectividad de la política exportadora.

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¿Cuáles son las ventajas de operar en zona franca?

La operación dentro del enclave de una zona franca supone diversos tipos de beneficios para las empresas que allí se desempeñan. Los principales beneficios son de índole impositiva y arancelaria, de manera que resulta de interés cuantificarlos y relacionarlos con la estructura de costos operativos de determinada actividad, a fin de estimar su importancia relativa. En la presente nota se toma una estructura de costos referencia correspondiente a una actividad de servicios y se calculan los ahorros impositivos y arancelarios para diferentes escenarios de adquisición de insumos y destinos de comercialización. La principal conclusión que surge del estudio es que la magnitud de los beneficios será mayor, en tanto la firma que toma la decisión de radicarse en el enclave emplee mayor proporción de insumos importados. Las ventajas son sustancialmente mayores también en aquellos casos de importantes inversiones con elevado componente importado. Además de las ventajas en materia impositiva y arancelaria se destaca el la cantidad y el nivel de servicios provistos dentro de la zona franca, el costo de radicación, el valor del canon exigido por el concesionario, la seguridad jurídica y la estabilidad de las reglas de juego, entre algunos de los aspectos más valorados por los usuarios al momento de decidir la instalación en el enclave.

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Costos agropecuarios: visión de largo plazo

En la edición anterior de IAE se analizó la evolución del tipo de cambio real y su influencia sobre los ingresos para el productor agropecuario. Las conclusiones allí obtenidas permitían inferir los riesgos que presenta particularmente la producción de trigo, dada la variabilidad de los ingresos de esta actividad. Continuando en esta línea de análisis, se presenta en esta ocasión un estudio respecto a la evolución histórica de los costos de producción más representativos del agro en general pero haciendo énfasis en aquellos vinculados a la producción de trigo, principal producto del agro regional. Las conclusiones indican que, pese a las medidas de liberación del mercado efectuadas a principios de la década del 90, el indicador de costo de producción evidencia una tendencia creciente, en especial a partir de la segunda mitad de la década. Desde 1990 en adelante hay cambios importantes de precios relativos entre el producto final y el conjunto de precios de los principales insumos del agro, lo que se ve reflejado a través de las repercusiones en la rentabilidad del sector. En particular, se observa que luego de la devaluación, la mejoría en los márgenes brutos tiende a desaparecer a medida que disminuyen el ingreso real efectivo del productor (incluyendo retenciones) y se incrementan sus costos de producción, reflejados en este caso a través de la evolución del indicador elaborado.

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