CREEBBA - Indicador de Actividad Económica - IAE Nro. 105

Indicadores de Actividad Económica (IAE) Nº 105
julio 2009

 

 

 

 


Nota Editorial: Ajustes pendientes y riesgo de inacción

La economía argentina se halla sumergida en un problema de expectativas. El principal factor que desgasta la confianza de los inversores es la percepción generaliza del riesgo de cesación de pagos del sector público en el mediano plazo, si no se comienza a adoptar medidas que corrijan el rumbo de la política económica. El desequilibrio fundamental es la amplia brecha entre el ritmo de crecimiento de los gastos y los ingresos del gobierno; acompañado de una persistente fuga de capitales que tiende a contraer el gasto y el nivel de actividad económica1.

El alto nivel de reservas disponibles en el Banco Central, reforzada por la transferencia de fondos del Fondo Monetario Internacional a países miembros y el acuerdo con el Banco Central de Brasil de préstamos de divisas2; la recuperación del precio de las materias primas3, la apreciación de monedas de los principales socios comerciales – Brasil, China -, y la importante devaluación del peso en el transcurso del año4, en conjunto refuerzan la posición del Banco Central para enfrentar la demanda de ahorristas que, pese al control de cambios al que se suma la intervención de la AFIP, buscan convertir sus tenencias en dólares y mantenerlas fuera del circuito financiero.

En el frente fiscal, pese a la fuerte caída del superávit primario5, el estado podrá afrontar los vencimientos de deuda del año recurriendo a los recursos de los que se apropiará a través de la reforma al sistema privado de capitalización de aportes provisionales, depósitos públicos en el Banco Nación y la transferencia de utilidades del Banco Central computadas por el revalúo de reservas en dólares a partir de la devaluación del peso. La cuestionable legitimidad de estas fuentes de financiamiento revela el agotamiento de opciones para sostener la expansión del gasto público y justifica los temores de inversores a mediano plazo, sobre cual puede ser la alternativa de generación de recursos, cuando se agote la disponibilidad de fondos. El deterioro en la calidad de las políticas de financiamiento del gasto público es un síntoma del agotamiento del modelo de política económica.

La paradoja de la situación actual es que no hay colapso inminente porque el todavía importante saldo comercial6, forzado por trabas a las importaciones, y la última lesión a los derechos de propiedad generada por la estatización del sistema de previsión social, permiten mantener el nivel de reservas de divisas y el pago regular de vencimientos de deuda pública; por otra parte, no hay riesgos de corridas de depósitos en el sistema bancario por el escaso desarrollo del crédito, lo que genera una abundante disponibilidad de fondos en las entidades. El modelo no colapsa porque puede financiar la fuga de capitales, recurriendo en el margen a medios cada vez más cuestionables.

Pese a que resulta poco probable un colapso inminente, los desequilibrios se tornan cada vez mayores y se consolida la percepción generalizada de una crisis fiscal a mediano plazo, a menos que el gobierno acceda a modificar aspectos fundamentales de la actual política económica. Como se señaló antes, el superávit primario; es decir, la diferencia entre ingresos tributarios y gastos sin incluir los pagos de interés por deudas, se redujo sustancialmente con respecto al año anterior. El ritmo de crecimiento de los gastos duplica el ritmo de crecimiento de los ingresos, y por lo tanto, recomponer el equilibrio financiero impone una fuerte desaceleración de los primeros en el segundo semestre del año. Por el lado del gasto, las posibilidades de ahorro se ven disminuidas por efecto de la presión de la inflación que conduce a una intensificación de reclamos de gremios y gobernadores, así como de los crecientes compromisos en seguridad social (ajustes de jubilaciones y pensiones, aumento de beneficiarios del sistema de reparto). Por el lado de la recaudación, la perspectiva de aumentos no luce alentadora debido al estancamiento previsto en el nivel de actividad económica, la desaceleración de la inflación y la caída de las exportaciones agrícolas por efecto de la sequía. En este marco, el resultado electoral añade restricciones a la necesidad de recomponer el nivel de ahorro público y acceder a financiamiento externo. Por un lado, el debilitamiento del poder político del gobierno deriva en una intensificación de presiones por aumento de gastos, y por otra parte, se afirma la posibilidad de sanciones de leyes que restarían recursos al Estado Nacional; tales como el aumento de coparticipación de impuestos y la reducción de derechos de exportación de granos.

Los cambios de fondo reclamados tanto por la dirigencia política como empresaria, son conocidos; con diferencia de matices, parten de la necesidad de una urgente normalización del INDEC, el control en el ritmo de expansión del gasto público, la eliminación de trabas y restricciones a la exportación, la disminución de derechos de exportación y el reinicio de negociaciones con acreedores externos a efectos de reabrir el acceso al mercado de deuda internacional.

Estas medidas significarían un cambio drástico en la política oficial con un alto costo político para un gobierno debilitado por el resultado de las últimas elecciones. Por otra parte, en el mejor de los casos cabría esperar que representen una vía efectiva para frenar la salida de capitales pero no garantizan que se revierta el flujo, porque un cambio de política no modifica los antecedentes de quienes gobiernan. De cualquier modo y dado el contexto, el freno de la fuga de capitales lograría estabilizar la economía, retomar una tasa de crecimiento moderada y diluir la posibilidad de nuevas crisis.

En otros términos, los inversores necesitan un plan de pacífica convivencia, razones para creer que no habrá nuevos cambios de reglas que puedan lesionar sus derechos de propiedad, lo que debiera traducirse en un plan viable de financiamiento de los gastos del estado hasta finalizar el actual mandato presidencial, de modo de poder descartar los grandes temores: la posibilidad de una gran devaluación, confiscación de ahorros y activos, y/o cesación de pagos como recursos de último instancia.

A diferencia de Chile, que ahorro en los años de crecimiento, el gobierno carece de recursos y credibilidad para financiar políticas expansivas de demanda, que permitan iniciar un proceso de recuperación. La política para reactivar la economía consiste en la recuperación de la seguridad de los inversores con un plan creíble de financiamiento del gasto, partiendo de una estabilización del superávit primario a través de una nivelación del ritmo de crecimiento del gasto con el de ingresos y la recuperación del crédito externo destinado a financiar los vencimientos de deuda y un plan de gradual reducción de retenciones para potenciar la actividad exportadora. Las condiciones de demanda están dadas por la oportunidad que representa la firma perspectiva de demanda externa de alimentos que el país produce

Más allá de gestos como la convocatoria al dialogo de funcionarios con la dirigencia política y empresarios, los acuerdos sobre agenda de temas entre legisladores del gobierno y oposición, y la renovación de integrantes del gabinete de ministros, todavía domina el escepticismo sobre la posibilidad de ajustes que permitan recomponer el equilibrio fiscal y facilitar una recuperación de la actividad económica.

Si no se concretan cambios, se aproximarán tiempos difíciles. El riesgo que se perfila es que el Poder Ejecutivo y el Congreso intenten eludir el costo político del ajuste de gastos, y en esta puja, el resultado sea la indefinición sobre medidas a tomar y la agudización de los desequilibrios actuales. La posibilidad y magnitud de ajustes por la vía del tipo de cambio se encuentra directamente asociado a la inacción del gobierno para recomponer la solvencia fiscal.

 

Abstract de la nota publicada en Indicadores de Actividad Económica (IAE). Si desea recibir la versión completa del informe vía mail, contáctenos a info@creebba.org.ar, o bien puede acceder al archivo haciendo clic aqui.

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Aspectos del mercado laboral bahienses

Los vaivenes en la actividad económica repercuten sobre diversos aspectos, entre los que sobresalen aquellos vinculados al mercado de trabajo, por las implicancias socio-económicas que conllevan.

La Argentina ha atravesado en los últimos años por un proceso de recuperación y crecimiento, tras el período de recesión durante el último tramo de la era de la convertibilidad y luego de la crisis que culminó con la devaluación de la moneda. En forma más reciente, una serie de factores internos reforzados por la crisis económica mundial, comenzaron a consolidar una incipiente nueva recesión, poniendo fin a la dinámica que caracterizó a la economía durante los últimos cinco años. En efecto, la caída de la producción industrial, el freno en la construcción, la retracción general de las ventas, la fuga de capitales, el pobre desempeño del sector agropecuario y la consecuente merma en la recaudación, entre otros elementos, hacen prever que 2009 finalice con recesión y que incluso aumente considerablemente el riesgo de estanflación, esto es, estancamiento o caída de la actividad económica más inflación. En línea con este pronóstico, se anticipan más despidos, tanto por cierre de empresas como por medidas de ajuste aplicadas por firmas locales.

De acuerdo a la magnitud que tengan los efectos de la menor actividad serán las repercusiones sobre los indicadores laborales. Resulta entonces de interés realizar un análisis de la situación del mercado de trabajo en la actualidad, comprobar su evolución en el último tiempo y contar entonces con una base para prever las posibles consecuencias de la crisis. El presente informe repasa y analiza los indicadores claves para la ciudad de Bahía Blanca, siempre en el contexto del país. Además de describirse las tasas de empleo, desocupación, subempleo y empleo por rama de actividad, se incorporan datos referidos a las remuneraciones al trabajo formal y estimaciones de la masa salarial global y por sector. Adicionalmente, se incorporan algunas referencias actuales con respecto a los costos salariales de las medidas frente a la gripe no estacional, que ha sido uno de los aspectos recientes más preocupantes vinculados al mercado laboral.

 
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Escenario fiscal actual y perspectivas

El superávit fiscal resulta, desde hace unos años, una variable fundamental sobre la que descansan gran parte de las estrategias de gasto público del gobierno actual. Su superávit fiscal resulta, desde hace unos años, una variable fundamental sobre la que descansan gran parte de las estrategias de gasto público del gobierno actual. Su evolución ha sido motivo de frecuentes análisis y permite monitorear las perspectivas del frente fiscal a lo largo del tiempo. El resultado electoral de 2009 cambia el escenario del gobierno en relación con 2008. El debilitamiento del poder reflejado en el resultado de los comicios condiciona las próximas acciones del poder ejecutivo nacional, restando grados de libertad a las políticas de ingresos y gastos.

Por tal motivo, se plantea la necesidad de analizar la evolución de las cuentas públicas, esta vez con una perspectiva marcadamente coyuntural, con la finalidad de observar lo ocurrido en los últimos meses y tratar de plantear un escenario para los próximos. Para ello se analiza en primer término la evolución de los ingresos públicos, para luego observar el evolución del volumen global de gastos y sus diferentes partidas. Como forma de sintetizar se analiza la evolución del resultado fiscal en sus principales conceptos para poder culminar trazando el balance y las perspectivas para el corto plazo.

 
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Proyecciones para el periodo 2009/10 en la ganaderia regional

La existencia de ganado a nivel nacional caería entre el 2009 y el 2010 a 48 millones de cabezas, de las 55 millones de cabezas correspondientes al año 2008. Esta merma representa un 12 % y el stock ganadero alcanzaría uno de los niveles más bajos de los últimos 45 años, junto a las 47 millones cabezas del año 1988. Habría que remontarse al año 1965 para encontrar registros similares. El escenario para los próximos años es irreversible, la producción de carne se reducirá de manera significativa, como consecuencia de una menor disponibilidad de animales para faena y de haber faenado un porcentaje de hembras en los últimos años, muy por encima de los valores considerados de equilibrio para el mantenimiento de las existencias. De mantenerse el elevado consumo de carne actual, el año próximo, el saldo exportable se reducirá al mínimo, perdiendo ingresos en concepto de exportaciones, por U$S 1500 millones.

A nivel regional la evolución del stock bovino refleja una tendencia decreciente en los últimos 3 años, que no tiene correlato a nivel nacional. La reducción proyectada para el periodo 2006-2010, podría alcanzar cerca del 40%, triplicando de esta manera la reducción estimada a nivel nacional. La mitad de esa merma está compuesta por vacas, por lo que se espera una significativa reducción en la producción de terneros para los próximos períodos. Esto reduce la disponibilidad para reponer el stock de vacas regional, prolongando el horizonte para normalizar el stock total y su productividad.

Ante este escenario de escasez de hacienda trazado para los próximos años, tanto a nivel local como nacional, se presenta como ineludible plantear un contexto de recuperación en el nivel de precios para las distintas categorías que componen el stock bovino. El nivel de este incremento en los valores de la hacienda en pie, dependerá entre otros factores, de la intervención del sector público sobre la cadena de la carne, de la evolución del nivel de actividad económica y de la normalización del clima. Suponiendo que este último elemento vuelva a la normalidad, como lo pronostican los expertos en climatología y los otros factores mencionados no tengan una incidencia importante sobre la evolución de la actividad, se daría inicio a un nuevo ciclo de retención de hacienda, tanto a nivel local como nacional.

Pero la ganadería regional, verá restringida la posibilidad de aprovechar esta oportunidad, como consecuencia de la limitada capacidad de reposición que tendrá en ese momento. La histórica liquidación de animales que acumula desde el año 2006 y el fracaso en la preñez actual, anticipan una reducción significativa en la producción de terneras para el próximo periodo, categoría necesaria para recomponer el stock de vacas. Por esta razón, un potencial escenario de recuperación del stock presenta dos aspectos importantes a tener en cuenta. Por un lado, la necesidad de un horizonte de tiempo prolongado para volver al stock inicial, dado que por la reducción en el stock de vacas, se parte de cero en términos productivos y por otro, los importantes requerimientos de capital que serán necesarios para poder recomponer el stock. En el presente informe, se consideran estos elementos de análisis y se plantean diferentes hipótesis de reposición en los 12 partidos del SO bonaerense, para poder recuperar el stock de vacas existente en el año 2006.

 
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