CREEBBA - Indicador de Actividad Económica - IAE Nro. 103

Indicadores de Actividad Económica (IAE) Nº 103
marzo 2009

 

 

 

 


Sector agropecuario: una oportunidad desaprovechada
  • Se analiza el desempeño del sector agropecuario en el país durante los últimos años. Frente a la oportunidad histórica de contar con ventajas naturales excepcionales para producir lo que el mundo demanda, cabe preguntarse en que medida el país ha capitalizado esta situación.

  • El proceso de crecimiento de la actividad agropecuaria registrado en el país acompaña un proceso de expansión global de la actividad, pero no se advierten factores locales propiciados por cuestiones económicas específicas del país que determinen una participación creciente sobre el comercio mundial.

  • Estos datos debieran llamar a la reflexión sobre el modelo que el país necesita para un crecimiento sostenido, a la luz de los resultados alcanzados por las políticas actuales en un contexto internacional muy beneficioso para un país como la Argentina. La gran oportunidad no parece haber sido aprovechada.

¿Argentina aprovecha el fuerte crecimiento de los mercados agropecuarios?

En los últimos meses del año anterior, la abrupta caída de los precios internacionales de los granos sumados, a la sequía reinstaló el conflicto entre el sector agropecuario y el gobierno. Pese a los intentos de canalizar la disputa a través de la negociación entre dirigentes del sector y funcionarios gubernamentales, la falta de acuerdos y crecientes diferencias plantea la perspectiva cada vez más firme de un nuevo conflicto social en el interior del país.

El paro iniciado en marzo del año pasado tuve una fuerte repercusión negativa sobre la marcha del conjunto de la economía, detuvo el crecimiento del producto bruto, aún con precios record de los productos exportables y buenos rendimientos en la producción agropecuaria. Un nuevo conflicto presenta la perspectiva de efectos similares, pero intensificados por la crisis económica internacional, la agudización de la recesión en el país, el deterioro de expectativas, el derrumbe de precios mundiales de los granos y la caída de producción por efecto de la sequía.

Las soluciones de fondo al conflicto plantean como primer paso, el objetivo urgente de recomponer la rentabilidad de la actividad que la actividad agropecuaria presenta, aun en un contexto de retracción de la demanda internacional de productos agropecuarios; pero que en el contexto actual se ha disipado por efecto de las intervenciones gubernamentales, particularmente a partir de la aceleración de la inflación a principios del año 2007. Por otro parte, además de la eliminación de distorsiones, se requiere un compromiso creíble de estabilidad en las reglas de producción y comercialización de modo que el productor gane certidumbre para realizar inmovilizaciones de capital que como mínimo requiere un año de maduración. Estas dos condiciones liberarían la energía del agro, suficiente para poner en marcha la producción del país en un marco en el que el Estado carece de instrumentos para reactivar la demanda, ha cerrado todos los caminos para acceder a nuevas fuentes de financiamiento y por el contrario, se enfrenta a la necesidad de aumentar la presión fiscal sobre contribuyentes para eludir el riesgo de una nueva cesación de pagos de servicios de sus deudas. Avanzar en esta dirección supone una reducción temporaria de recursos fiscales importantes en concepto de retenciones y por lo tanto, impondría la necesidad de identificar fuentes de financiamiento en el corto plazo para evitar el riesgo de desestabilización económica por la agudización de desequilibrios fiscales.

La marcha de los acontecimientos durante el mes de marzo, con señales desalentadores sobre la marcha de la actividad económica y un deterioro del clima político por la intención oficial de anticipar las elecciones legislativas al mes de junio, tornan improbable un giro en la política oficial para revertir las expectativas a través de una salida al conflicto con el agro. De este modo, y pese a algunos indicios positivos en relación al contexto internacional, el panorama local no presenta una perspectiva alentadora para la economía del país en los próximos meses. Lo señalado cobra particular importancia para la economía regional, tradicionalmente movilizada por la actividad agropecuaria y que en el último año se presenta como una de las zonas más afectadas por la sequía.

Esta situación no deja de sorprender porque plantea la inviabilidad económica de la producción de alimentos, una de las actividades con mejores perspectivas de crecimiento durante la década actual a escala mundial, impulsada por el fuerte crecimiento de la demanda de la economía asiática. Aun en el contexto actual de contracción generalizada de la actividad económica mundial, el sector productor de alimentos se presenta como uno de los menos afectados por presentar una demanda estable, recayendo el ajuste de gastos sobre demanda de bienes de consumos durables y/o prescindibles.

Bajo esta perspectiva, resulta interesante repasar el desempeño del sector agropecuario en el país durante los últimos años. Frente a la oportunidad histórica de contar con ventajas naturales excepcionales para producir lo que el mundo demanda, cabe preguntarse en que medida el país ha capitalizado esta situación. Con el propósito de aportar elementos a este planteo, el siguiente análisis presenta una descripción del desempeño de la actividad agropecuaria durante los últimos años, tomando como referencia los resultados alcanzados por países fronterizos y del sector agroalimentario a escala global.

 

Evolución de las principales producciones del sector agropecuario en la década

Como primer paso, se presenta el crecimiento en la producción y ventas de productos representativos del sector agropecuario del país a lo largo de la década. Si se toma el agregado de trigo, maíz y soja, se advierte un gradual crecimiento hasta la campaña 2006/2007 y un estancamiento en la campaña siguiente, agravada en la campaña actual por el problema de la sequía. En líneas generales, resulta claro el predominio creciente de la soja.

El gráfico 2 complementa el anterior. En el mismo se advierte el sostenido crecimiento de la producción de aceites, con un ritmo decreciente a partir del 2007. En producción de carne vacuna, tras un fuerte salto en el año 2004, la actividad presenta un estancamiento en años posteriores.

Por último, la producción de leche exhibe una evolución similar a la carne hasta el año 2007, en el que se registra una abrupta caída de la producción. A modo de resumen, se observa un crecimiento de la producción agropecuaria, con un creciente protagonismo de la soja, y una importante desaceleración a partir del año 2007 que afecta en mayor medida a lo productos con mayor grado de industrialización como carne y leche.

       

Participación sobre el comercio mundial

Más allá de las desaceleraciones del 2007, los datos anteriores reflejan un crecimiento de la producción agropecuaria durante la década actual. En granos, la campaña actual podría significar un retroceso al punto de partida (producción de la campaña 2001/2002). Para tomar una medida de desempeño más apropiada, habría que evaluar estos cambios considerando el contexto. Por esto, una medida apropiada para un país exportador como el nuestro, consiste en la evolución de la participación sobre el comercio mundial.

Para continuar con el esquema anterior, los gráficos siguientes presentan la participación de la exportación nacional de productos representativos sobre la suma de exportaciones en el mundo. El gráfico 3 presenta los porcentajes correspondientes a trigo, soja y maíz. Como primera idea cabe destacar que en ninguno de los tres casos, se alcanza a confirmar una tendencia creciente. Por el contrario, en casos como el trigo, se observa una fuerte disminución en la participación sobre el comercio mundial a partir del año 2007. Una descripción similar cabe para el maíz, en tanto que la soja alcanza su máximo en la campaña 07/08, pero en buena medida propiciado por el desplazamiento de maíz y trigo.

El gráfico 4 presenta la participación de las ventas argentinas al exterior de carne vacuna y leche en polvo entera. Nuevamente se observa una tendencia al alza con un retroceso en los últimos años, en modo especial en el caso de la carne.

A la luz de estos resultados cabría señalar que el proceso de crecimiento de la actividad agropecuaria registrado en el país acompaña un proceso de expansión global de la actividad, pero no se advierte factores locales propiciados por factores económicos específicos del país que determinen una participación creciente sobre el comercio mundial, en modo más marcado en las últimas campañas.

Comparación de volúmenes de producción con países vecinos

Para ampliar la evaluación del desempeño del sector agropecuario argentina, se amplia el análisis a través de las comparación de la actividad con respecto a países fronterizos. Dada la similitud en la dotación de recursos naturales como el clima, suelos y ubicación geográfica; de observase diferencias importantes, cabe pensar que las mismas se explicarían por distintas orientaciones de política económica aplicadas por sus respectivos gobiernos.

Para facilitar la comparación se presenta las producciones con números índices, tomando el volumen producido a principio de la década con valor igual a 100.

Trigo. Se apreció un evidente retroceso de la producción argentina en los últimos años. El gráfico 5. El contraste es claro con Brasil y Uruguay. El nivel de producción de trigo alcanzado en el la última campaña en ambos casos, se ha incrementado un 250% y 150% con respecto a los registrados a principios de la década. En el mismo período, la producción del país permaneció estancada.

Soja.: El gráfico 6 revela la diferencia de desempeño en la producción de soja entre Argentina y Brasil. En este último país, se registró un fuerte crecimiento de la producción a partir del 2007, muy superior a los incrementos observados en nuestro país.

Carne. La comparación con Uruguay arroja resultados desalentadores para la ganadería del país (gráfico 7). Si bien en ambos casos, se ha estancado la producción en los últimos dos años, la diferencia de desempeño por el sostenido crecimiento en Uruguay en los años previos, contrastando con la débil expansión de la producción argentina

Leche. El gráfico 8 compara la evolución de los niveles de producción de leche entera en polvo. El aumento de producción en el país fue transitorio y en la actualidad se ubica en niveles similares a los de comienzos de la década.

Se observa un nítido contraste con Brasil que en los últimos años presenta un crecimiento sostenido con un nivel de producción que en la actualidad duplica los niveles registrados en el año 2000.

 

Efectos locales de la política de intervención en los mercados

Un último aspecto a analizar es el efecto sobre los precios al productor generados por intervenciones oficiales en el mercado de productos agropecuarios. Con tal fin, resulta interesante tomar como punto de comparación, los precios vigentes en Uruguay; por tratarse de una economía relativamente abierta y por lo tanto, con precios internos que reflejan los valores internacionales. Si se tiene en cuenta, también, que estos granos son “commodities” (es decir, productos homogéneos) y que los fletes desde Uruguay o desde Argentina no tienen diferencias significativas, se puede afirmar que las diferencias entre los precios uruguayos y argentinos se deben a los “interferencias” al comercio exterior.

En el caso argentino, se podrían agrupar en dos grandes categorías; por un lado, los derechos de exportación (DEX) y por otro, todo un amplio conjunto de regulaciones (REX) que afecta la comercialización de productos agropecuarios (cupos de exportaciones, barreras administrativas).

La siguiente tabla exhibe diferencia de precios al productor entre Uruguay y Argentina, para dos productos representativos del sector agrícola del primer país. A partir de estos datos se puede apreciar: (1) una importante diferencia en los precios al productor; a una y otro lado del río Uruguay, un productor recibiría por su producción de trigo y/o maíz en un rango que va del 45 al 50%; (2) de esta diferencia, la mitad se explica por una medida (derechos de exportación (DEX) y la otra mitad, por regulaciones varias dispuestas por el gobierno argentino.

La situación actual delata la necesidad de recursos para financiar los gastos crecientes del gobierno nacional como la razón de fondo de imposición de derechos de exportación. Se han mencionado otras razones como medida contra la inflación y como herramienta para promover cultivos alternativos a la soja; pero además de resultar medidas inefectivas en el mediano plazo para tales propósitos por su efectos negativos sobre la oferta de alimentos; se ven desdibujados como argumentos oficiales cuando el Estado toma otras medidas con efecto opuesto (devaluación de la moneda, mantenimiento de retenciones cuando el precio internacional baja, imposición de retenciones elevados a cultivos alternativos).

Por otra parte, dado que la pérdida de REX no significa pérdida de recaudación para el gobierno, resulta difícil encontrar una explicación que fundamente este tipo de disposiciones. Este tipo de medidas tienen un efecto grave sobre la producción al generar decisiones de producción sustentadas en precios distorsionados y que no se sustentan en el tiempo; paralización de la inversión y destrucción de la canales y reglas de comercialización (por ejemplo, mercado de Liniers y futuros).

En el caso del trigo, se ha argumentado la “seguridad alimentaria”. El camino es más inversión y crecimiento de la productividad para expandir la capacidad de producción; y una política comercial tendiente a la apertura de nuevos mercados. En este sentido, resulta de sumo interés la experiencia de Brasil en los últimos años.

Las regulaciones generan una diferencia de precios que no recibe el productor, que vende su producción en perfecta competencia con otros productores, y que en la mayor parte de las veces no se traslada al precio de alimentos básicos porque es apropiada por sectores intermedios en el proceso de comercialización y con una estructura más concentrada. Las medidas no han sido efectivas para neutralizar el encarecimiento de productos como carne, pan y aceite; por citar productos representativos. Se suma a ello el poder de ciertos funcionarios que con su sola firma pueden decidir sobre la rentabilidad de una industria sin estar expuestos a controles efectivos; una situación que propicia el riesgo de corrupción y hostigamiento a rivales políticos.

 

Comentario final

La Argentina necesita recurrir a todo su potencial productivo para sortear una crisis económica internacional sin precedentes. Para ello debe apostar a sus sectores más competitivos, promoviendo la inversión e innovación. La principal fortaleza y oportunidad del país es apostar a un aprovechamiento integral de la fertilidad de sus suelos para la producción de alimentos; uno de los productos que en el actual contexto internacional verá menos afectada su demanda. Liberar las energías del agro, tendría efectos inmediatos. Simplemente con volver a los niveles de siembra de la campaña anterior, se podría aumentar el volumen de producción de granos en más de 20 millones. Esto significaría un aumento de gastos del sector del orden de los USS 5 mil millones; con un amplio efecto multiplicador sobre el resto de la actividad económica del país.

En resumen, estos datos debieran llamar a la reflexión sobre el modelo que el país necesita para un crecimiento sostenido, a la luz de los resultados alcanzados por las políticas actuales en un contexto internacional muy beneficioso para un país como la Argentina. La gran oportunidad no parece haber sido aprovechada, resultado que contrasta con los alcanzados por países vecinos, con inferiores condiciones naturales para el desarrollo de la actividad agropecuaria. La crisis internacional representa una nueva oportunidad para el país, la de utilizar el poder competitivo del agro para generar recursos a nuestra debilitada economía. Su aprovechamiento impone una reformulación drástica de la política agraria del país. El interrogante final es; ¿la vamos a desaprovechar nuevamente?

Abstract de la nota publicada en Indicadores de Actividad Económica (IAE). Si desea recibir la versión completa del informe vía mail, contáctenos a info@creebba.org.ar, o bien puede acceder al archivo haciendo clic aqui.

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Tarifas de servicios y su incidencia en el indice de precios al consumidor

Desde la salida del régimen de convertibilidad, la consecuente devaluación del peso generó un despegue de la inflación minorista que, por casi una década, había permanecido prácticamente inalterada en el contexto de tipo de cambio fijo. En 2002 se produjo el salto inflacionario más importante, con un incremento del índice general de precios superior al 40% y, a partir de allí, los precios minoristas siguieron una tendencia ascendente que se aceleró en los últimos años. Sin embargo, no todos los rubros evolucionaron de la misma manera: mientras que los alimentos, textiles, commodities, vehículos y bienes de consumo durables importados o con componentes importados acusaron un fuerte e inmediato impacto de la devaluación y registraron elevados porcentajes de traslado de depreciación a precios (pass-through), otros se mantuvieron estables o con leves variaciones con respecto a la inflación promedio. En particular, fueron los servicios los que se vieron levemente afectados por la devaluación, especialmente en los primeros tiempos que sucedieron a la crisis: alquileres, esparcimiento, educación y servicios públicos, por mencionar sólo algunos.

El caso de los servicios públicos fue el más discutido y también el más postergado. Mientras que la mayoría de los servicios fue incorporando gradualmente el componente inflacionario y actualizándose en virtud de la suba en los costos y las recomposiciones salariales, las tarifas de la energía eléctrica, el gas y el agua permanecieron reguladas y congeladas, al menos para los clientes residenciales. Los únicos ajustes que las tarifas verificaron tras la devaluación fueron aplicados a las empresas, de manera que sólo parte de los mismos fue trasladada a los consumidores vía aumentos de precios. No obstante, el impacto directo de una reestructuración de tarifas pasó a un plano secundario hasta comienzos de este año, cuando empezaron a implementarse aumentos sobre el segmento residencial. Estas subas se suman a la aplicación del programa de uso racional de energía, puesto en práctica con anterioridad, con el propósito de premiar a través de bonificaciones el ahorro de energía y penalizar los consumos extra. De esta forma, el programa cumplía dos objetivos: incentivar el ahorro de energía e introducir, al menos de modo parcial, los demorados incrementos tarifarios.

Frente a los aumentos que ya han comenzado a hacerse efectivos, conjuntamente con la aplicación del programa de uso racional de energía, la pregunta que inmediatamente surge es, en qué medida incidirá el reajuste en la inflación minorista. En un contexto con recesión, en el que las presiones alcistas sobre los precios se encuentran medianamente contenidas y en donde las proyecciones preliminares arrojarían una inflación menor a la de 2008, interesa contar con alguna aproximación del impacto final de los nuevos cuadros tarifarios. La idea es estimar en qué proporción se modificaría el pronóstico inflacionario de base a partir de la incorporación de los nuevos cuadros tarifarios. Obviamente aquí es necesario hacer supuestos de consumo, escenarios de comportamiento con respecto al uso de la energía y evaluar las variantes según categoría de cliente, de acuerdo a la magnitud de la demanda.

El propósito de esta nota es describir los cuadros tarifarios vigentes para los distintos servicios, analizar la composición de las respectivas tarifas y estimar escenarios de aumento según diferentes patrones de consumo, categorías de clientes y porcentajes de ajuste. Este ejercicio proporcionará un cuadro con distintos esquemas de aumentos factibles. Posteriormente, se estimará un rango de incidencia de dichos incrementos sobre el índice de precios al consumidor, atendiendo a la ponderación que los servicios poseen dentro de la estructura de cálculo del indicador. En forma complementaria, se describirán los programas de uso racional de la energía para los distintos servicios y su eventual incidencia sobre la proyección inflacionaria.

 
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Participacion del complejo petroquimico en la economia local

El seguimiento del sector petroquímico constituye motivo de análisis en las publicaciones de CREEBBA. Como resulta habitual, se actualizan las cifras correspondientes al impacto del sector en la actividad económica de la ciudad y la región, presentándose en esta ocasión los resultados correspondientes a 2007, donde se pone de manifiesto que aún en un escenario donde las empresas ven disminuidos sus márgenes de rentabilidad, el aporte a la región se incrementa sustancialmente en relación con años anteriores.

Al igual que en estudios anteriores, la medida utilizada para evaluar la participación del complejo petroquímico en la economía local es el valor agregado. En particular, se toma en cuenta el aporte de un grupo de empresas del sector petroquímico local a la economía de Bahía Blanca y su región, y su evolución en los últimos años. Este grupo de empresas es el que integra1 la Asociación Industrial Química, AIQBB.

En ediciones anteriores2 de Indicadores de Actividad Económica se explica de modo detallado la metodología empleada para la estimación del valor agregado sectorial. No obstante, a continuación se sintetizan los principales conceptos requeridos para una adecuada interpretación de los resultados que se exponen en la sección siguiente.

 
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Los efectos de la sequia en la economia regional

La campaña 08/09, transcurrió para el sector agropecuario en uno de los escenarios más desfavorables de las últimas décadas. Fuerte presión fiscal, imposibilidad de aprovechar los momentos de buenos precios, bajo nivel de crédito, suba de costos al momento de la siembra, incertidumbre comercial y una de las peores sequías de las que se tenga memoria. En muchas localidades las precipitaciones registradas reflejaron una caída del orden del 40% al 60% respecto del promedio histórico. Más grave aún, en los momentos críticos donde los cultivos definen sus rendimientos la falta de lluvia se hizo sentir con intensidad en distintas zonas productivas.

Las estimaciones preliminares anticipan una reducción en la producción agrícola nacional de 25 millones de toneladas, sobre un total de 98 millones obtenidas en la campaña anterior. Es decir la disminución representa más de la cuarta parte de la cosecha precedente, situación que no tiene antecedente en la historia agrícola nacional, reflejando la mayor caída en volumen entre ciclos. En el sector pecuario, las consecuencias no difieren demasiado a lo citado en el sector agrícola, donde la reducción del stock bovino nacional en el último año, supera las 2,5 millones de cabezas.

En ambas actividades, tanto en la agricultura como en la ganadería, al factor climático, se sumaron a la creciente intervención del estado y los altos costos de los insumos. Determinar el impacto individual de estos factores sobre el nivel de producción, es de extrema dificultad. No obstante esto en el presente informe, dadas las características productivas de la región del SO bonaerense y a partir de la superficie sembrada, se puede afirmar que el factor climático representó una de las principales razones de la disminución en la producción agrícola y sus posteriores efectos directos e indirectos sobre el resto de la economía regional.

En el sector pecuario nacional algunas estimaciones aproximadas, estiman que la merma en el ingreso para este año, comparado con 2008, alcanza los $5 mil millones. Un 50% de esta merma en el ingreso se debe a la sequía y el otro 50%, de mantenerse los actuales valores de la hacienda, a la política de control de precios implementada por el gobierno nacional. En este sentido y como consecuencia de la importancia que tiene la actividad ganadera en el SO bonaerense, la incidencia de la política económica sobre la economía regional, se vuelve determinante en la evolución de su nivel de actividad.

 
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